sábado 19 de diciembre de 2009

El cuerpo extraño

Resulta distinto despertar con partes de mi cuerpo que son ajenas. Tengo un pie y dos manos unidas. Me sostienen, pero no siguen órdenes y no desean moverse hacia donde los mando. Descaradamente endurecidas, se arrastran, como si solamente estuvieran pegadas en su lugar por un conjuro. Desde luego, esto es mejor que cuando me dolían, porque entonces no podía usarlas ni recargar mi peso en ellas. Quizá nos enemistamos cuando empecé a tomar los remedios. Yo discuto que los tomo para que no me duelan y que ellas empezaron a molestarme antes, así que las partes son las provocadoras del distanciamiento. Me esfuerzo, pero yo no puedo entender sus alegatos. Conforme pasan los minutos, poco a poco empezamos a reconocernos y a la hora de ponerme los zapatos, vuelven a ser mías y puedo manejarlas a mí antojo. Probablemente como protesta, me obsequian punzadas a lo largo del día que me recuerdan que en cualquier momento, pueden recobrar su independencia. Capaz que si me descuido, cobran vida y se mueven por su propia cuenta. He visto casos así.

viernes 30 de octubre de 2009

El sabio


Pasamos muchas semanas buscando por todos lados al sabio que sabe absolutamente todos los misterios de el lobo. Preguntamos a los vecinos, a los conocidos y a los amigos. Finalmente después de mucho averiguar, nos dieron una dirección anotada en un papel. Es un gran edificio blanco y reluciente, con pisos brillantes y limpios que huelen a desinfectante. Tuvimos que subir cinco pisos y finalmente llegamos al número indicado. Alguien nos dijo que el sabio solamente aparece por cuatro horas, los lunes, los miércoles y los jueves. Regresamos el jueves de la siguiente semana, encontramos la puerta abierta y pudimos hablar con su ayudante. Sacó un grueso libro y después de hojearlo por largo rato, nos dijo que el sabio más sabio, nos esperaba dentro de 178 días, ni uno más ni uno menos, a las cinco de la tarde. Somos afortunados.


jueves 29 de octubre de 2009

Lo que hice y lo que no

Pues otra vez venció el espíritu intrépido y me fui de viaje yo sola. Recibí una invitación apremiante para platicarles cuestiones del oficio a mis alumnitos de San Luis. Y como el lobo estaba portándose razonablemente bien, lo eché a la cajuela y me fui. Otra vez el desierto y nublado. Nunca pensé que llegaría a gustarme tanto. Me encantó ver a los niños, tan atentos y curiosos como siempre. Hubo de todo: Vi muchos buenos amigos y también tuve encuentros inesperados y recuerdos tristes. El lobo me asustó mucho al despertar y por suerte, a medio día se fue a dormir la siesta.
En el camino siempre sobra tiempo para pensar y esta vez todo giró alrededor de lo que he hecho y lo que no. Al contrario de lo que creía, no me arrepiento para nada de ninguna de las cosas que hice. Más bien, lamento con la entraña todas las que no hice. Ni modo. Pero ahora, resuelta a remediar el asunto en la medida de lo posible, me bajé en un pueblito que se llama “Tunas Mansas”, a la mitad de ninguna parte y encontré a un hombre que vendía plantas. Increíblemente, en pleno desierto, compré un árbol de canela y una pimienta para plantar en mi jardín.

sábado 17 de octubre de 2009

Ver para creer


Pues aquellas piedras verdes y negras se han transformado en bonitos “janamus”. Encontré grabados debajo las capas gruesas de musgos y los líquenes. Estoy contenta con los resultados. Ya casi no quedan horrendos resanes de cemento blanco y quizá podamos terminar a tiempo.
Las señoras que me ayudan en las yácatas son todas del pueblo de Tzintzuntzan. Son muy cuidadosas y están orgullosas de sus antepasados. Están contentas de tener trabajo, porque pasan los meses y sus maridos no regresan “del otro lado”. Así que están solas con sus criaturas y no faltan ni por equivocación. Ganan más dinero que los hombres de “afuera”, los del programa de empleo temporal. Hice los trámites para que a una de ellas, la mejor de todas, se le pague como “maestro albañil” en un lugar de cómo peón.
Estoy más cómoda en la casa nueva y Gordolobo viene dos o tres veces por semana y me trae la comida sana desde Morelia, para contrarrestar los efectos de tantas corundas, uchepos, pozoles y pozutis que me llevan a la hora del almuerzo mis ayudantas, que además de trabajar de maravilla, cocinan cosas deliciosas.
En general aguanto unas nueve horas de día útil, debajo de un sombrero de palma y una chamarra delgada. Luego me regreso a la casita y entre la siesta después de comer y el descanso antes de cenar, ni siquiera asomo la nariz al pueblo. Hasta parezco lobo.

jueves 1 de octubre de 2009

Hombre-tortuga

Estoy de mudanza. Para no ir y venir, porque llego en estado lamentable, busqué una pequeña casita en el pueblo de Pátzcuaro. Y aquí estoy, pensando que será bueno traer, pero no puedo decidirme. Ojalá pudiera uno llevarse las casas enteras y plantarlas en el sitio donde uno quiere vivir, para que echen raíces y en una de esas hasta florecen.
Ya está todo brillante y ordenado. Los cajones limpios. Los horrendos cubiertos dorados en su lugar, conviviendo de cerca con mis tres nuevas cucharas de madera. Dos tazas y dos platos en una cocina vacía y una pequeña despensa con las cosas que solo a mí me gusta comer. Compré un pocillo de peltre azul muy bonito y un enfriador de vinos, totalmente snob, que sirve de maravilla para guardar mis antojos y que puedo llevar cuando regrese. Y por supuesto, aquí está la cafetera.
En el área de telecomunicaciones, rápidamente me hice de un teléfono y de internet, para estar al alcance de Gordolobo y sentir que estoy allá si me entrara la nostalgia. De día, estoy lejos sesenta kilómetros, pero en las noches siempre resultan seis mil. Afortunadamente las noches son cortas y en las mañanas voy al lago, que siempre amanece con un color diferente.
Camino a Tzintzuntzan, después de la curva de las vacas, hay miles de esculturas de piedra en las dos orillas del camino. Un hombre tortuga de piedra me saluda diariamente y ya casi somos amigos. Un día de estos, por que no hay de otros, me voy a detener para invitarlo a vivir conmigo y con el lobo, quién por cierto se ha comportado respetuosamente los últimos tres días.

domingo 20 de septiembre de 2009

Días festivos


Siempre pensé que las clases de civismo en la primaria eran absolutamente inútiles… Pero en cierta casa a orillas de un lago, se vive a fondo la ceremonia del grito. El Presidente Marco Antonio llega tres días antes. En general el público cautivo es la familia y los demás invitados varían año con año, porque no resisten la ceremonia dos veces consecutivas. El Presidente Marco Antonio dispone la preparación de gran variedad de platos típicos y alrededor de las ocho de la noche empieza el juego de encender sus fuegos pirotécnicos y lanzarlos a los pies de los invitados. El Presidente Marco Antonio anima a sus nietos holandeses para que principien una sonora ronda de explosiones intestinales, muy celebradas por algunos familiares. El presidente Marco Antonio preside la mesa y año con año explica la forma correcta de dar el “grito”, tal y como lo hizo Miguel Hidalgo. No importa que le expliquemos que cuando Hidalgo vivía, no sabía que Allende y Morelos serían héroes patrios. El presidente Marco Antonio enciende el aparato de sonido y tenemos que cantar, de pie, el himno nacional. Corre a la campana y ondea la bandera al mismo tiempo mientras grita a todo pulmón: ¡Viva México! Y todas las demás consignas apropiadas para esta ceremonia. El Presidente Vitalicio Marco Antonio suspira aliviado mientras lo envuelve el silencio de todos los presentes. No me gustan las fiestas patrias.

martes 8 de septiembre de 2009

El Chamán


Después de meses de tomar religiosamente todas las pócimas, y con tanto tiempo libre para pensar, ya que no puedo salir al sol, se me ocurrió preguntarle al chamán porqué las personas tienen esta propensión para convertirse en lobos. Me miró muy seriamente y me contestó que nadie en todo el mundo lo sabía. No saben cómo sucede, por qué sucede, cuánto dura o qué pasará después. Que lo más probable es que la gente naciera así y no de otro modo. Y que había que agradecerle a dios que la conversión no es del todo completa. Eso sí, fue muy tajante al decir que la inclinación por convertirse en un cuadrúpedo no se quita nunca. Lo único que se conoce a ciencia cierta es que viene y se va por temporadas, cortas o largas, según lo obedientes que sean los humanos con sus remedios, o simplemente por gracia divina, ya que a veces a pesar de seguir las instrucciones, una mañana despiertas en el mundo de los lobos. Lo más importante de nuestra conversación es que aprendí que nos dice “lúpicas” el muy cretino y que la mayoría somos mujeres. Que no le gusta que le pregunten cómo funcionan las pócimas o porqué unas y no otras y cuánto tiempo tienes que tomarlas. Si me duele o no es intrascendente, si los brebajes no me dejan sentir, es poco importante. Finalmente aún no tengo rabo y es probable que no lo tenga nunca, aunque no puede asegurarlo. Como no se me antoja agradecerle a dios tantas bondades, buscaré otro chamán un poco menos perro.